No es un bufón ni el
chacal de la trompeta. Pero su sentido del humor ha hecho de Max González un luchador
versátil, diferente en Saltillo, por darles aliento y gracia a los ídolos del
público infantil, con mucho éxito arriba del cuadrilátero entre pequeños y
grandes.
Su esposa dice que en el
hogar de músicos, costureros y luchadores, nunca faltan las carcajadas y esa idea de
optimismo, picardía y desahogo transporta al ring el padre de Tiburón Jr. para realizar
una lucha con más comedia.
En el marco de las
elecciones presidenciales de México este año, se recuerda su entrada como el
Perro Güarumo, vestido de candidato y en compañía del séquito de botargas
inspiradas en las caricaturas. “Si no completas pa’ las cheves, que te las
paguen”, era su lema de campaña.
En consideración a los
riesgos que ahora corren los nuevos gladiadores, hambrientos de fama como él cuando
comenzó su trayectoria hace 25 años, él sabe que no está para esos trotes y el gladiador
conocido como Bello Max en su debut prefiere arrancar una sonrisa antes de
exponer el físico por una mueca de asombro.
El primer Tiburón. |
Esa época terminó para
él y se la deja a su vástago, Tiburón Jr., quien se abre camino a través de las
fauces abiertas en cada salto al vacío y con un rediseño más moderno del equipo.
“Siempre me ha gustado
la lucha y hacer un poco más de relajo”, enfatizó respecto a su estilo. “Últimamente
lo que se hace en la lucha es muy arriesgado. (Yo) hago una lucha menos dramática,
la gente se desestresa porque dentro metemos algunos sketches”.
Tarzán en tope. |
Sabe que su forma de hacer
circo, maroma y teatro no es del gusto de todos, pero afirmó: “Para ser
luchador, hay que ser libre también (en modos y por empresas), porque en mi
tiempo era una madrina segura si luchabas con gente de otra arena”, afirmó.
Tarzán, Perro Güarumo,
Adán, La Vaca Chenta, Bob Esponja y Patricio son algunas de sus creaciones. De
su primera fuente de ingresos como fundador del Mariachi San Juan, Max dispone
de algunas horas para decidir entre materiales, trazos y colores, además de ocupar
el tiempo de costura en su taller o en la máquina de coser situada en la cocina.
Vestido de mariachi, asistió para dar un reconocimiento. |
Cuando termina el
nuevo atuendo, lo siguiente es encarnar con justicia al personaje sacado de la
televisión. Gracias a sus dotes de imitador, pues su parodia favorita es la de “Chente”
Fernández, la tarea es muy sencilla para él.
Cuando ganó la máscara de Diablo Negro, era Tarzán. |
Dentro de su historia deportiva,
dos hechos son importantes recordarlos. Ante Dragón Oriental (Antonio Hernández),
perdió la máscara de Tiburón en la Arena Obreros hace 15 años y luchó
desenmascarado después. Más tarde, como Tarzán, ganó la capucha del Diablo Negro
en el Salón Ferrocarrilero. También obtuvo el Campeonato de Peso Completo de
Saltillo, ante Manuel Estrada, quien era Pájaro Azteca II.
Como Dios nos trajo al mundo: Adán. |
En 1988 las Saetas
Amarillas I y II eran los más avanzados entre los novatos de la Obreros del
Progreso y con ellos se acopló la futura Vaca Chenta. Como iban a hacer su
debut en 3 meses, lo invitaron a acompañarlos en la primera lucha, aunque ellos
ya tenían su traje y él no.
Sin embargo, este imprevisto
no fue impedimento, pero cuando tomó la decisión Max acabaría por encarnar durante
dos años a un luchador exótico aunque no había sido preparado para ello.
“Hay un calzón rosa en
la Obreros para quienes van a luchar y no tienen equipo de lucha. Por ello, la
única manera es de salir como exótico porque andas en puros calzones”, recordó
su inicio. “Sabía que el compromiso estaba hecho porque la cartelera se mandaba
a las imprentas con un mes de anticipación”.
Después, tuvo la
oportunidad de entrar al área de la confección de equipos para luchadores,
ensayando con los de su propiedad. “Mi mamá tenía una maquinita (de coser) con
la que hacía arreglos, levantaba bastilla. Mis primeros trabajos los hacía para
mí, pero salían puras tragedias, porque no me quedaban o se rompían”, dijo
entre risas.
“Cada mes llegaba con
un disfraz diferente. Me encargaban uno de las tortugas ninjas o guerreros del
espacio”, indicó. “Había un personaje que llamara la atención a los niños y (yo)
subía al ring para estrenarlo, la mayoría era de caricaturas. La gente ya me
esperaba en la siguiente función”.
¿Nace una dinastía de escualos? |
Además, su familia
empezó a incursionar en el pancracio saltillense. Cuando trepaba descalzo a los
postes como Tarzán o cazaba a sus presas como El Tiburón, sus hijos hacían de mascotas
o ballet para sus personajes, sea de “Changuitos” o “Charalitos”. En esos
momentos, su satisfacción era muy grande; mucho más ahora, que uno ya es luchador
profesional y el otro va camino a serlo.
Feliz porque la
afición de Saltillo conserva el carácter noble en comparación con el público de
otras ciudades, Max González todavía puede hacer reír a las familias, incluso a
sus compañeros en el ensogado, quienes son sus principales cómplices. “Algunos
no se agüantan la risa cuando luchan conmigo. Y aunque seas rudo, la gente te
apoya bastante”, comentó.
Una de las múltiples peregrinaciones. |
Su mayor alegría es
que hasta hoy, arriba del cuadrilátero, lo siga su familia y algunos diez niños
que entrenaba en el Gimnasio Coahuila, con los cuales abren las funciones en
las arenas a través de luchas de exhibición buscando preservar el deporte del costalazo y la unión del gremio luchístico.
Nombre de batalla:
Tiburón
Otras identidades:
Bello Max, Tarzán, Adán, Perro Güarumo, La Vaca Chenta.
Debut: 1988 en la
Arena Obreros del Progreso
Maestros: Green Demon,
Costeñito Moy, Rocky Macías.
Máscaras: Diablo
Negro.
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